Hoy es
uno de esos días, esos tan lentos, tan costosos y difíciles, esos que parecen
que nunca acaban ni aun cuando cae la noche y ya aparece la luna entre las
nubes, medio escondida, en su acostumbrado refugio del blanco espeso que casi
todas las noches la cobija…
En un destello de repente me parece ver un espejismo, entre la multitud me parece que veo tus ojos, entre las miles de miradas que me enfocan tan solo me parece ver la tuya, esa mirada tan intensa y profunda que siempre evoca paz, tranquilidad y el sosiego de que todo puede ir bien… Una mirada que a veces conozco, que me parece haber visto durante mucho tiempo, pero que otras me parece completamente desconocida, nueva, como si nunca jamás hubiese visto esos ojos buscando respuesta en los míos, aunque será quizás porque nunca han buscado esa respuesta de la que hablo, quizás sea que soy yo quien busque respuesta en su mirada, siempre entre la gente, siempre entre la multitud... Quizás sean desvaríos, quizás sean sensaciones equívocas, pero esos ojos, sus ojos, su mirada, es tan difícil de obviar…
Me
despierto en mitad de la noche, algo me inquieta, no he oído ruido alguno ahí afuera,
me cuesta reconocer de dónde ha provenido eso que me ha desvelado… Será mi
ruido interno quien no me deja dormir, quien me dice que tengo que actuar, que
tengo muchas cosas por decir, muchas cosas que expresar, muchas cosas que
demostrar para que mi mente y mi corazón puedan seguir su ritmo sosegado y
paulatino que antes acostumbraba a tener…
Es difícil, muy difícil y ojalá no lo fuera, ojalá los corazones no estuvieran vacíos, ensombrecidos e insensibilizados ante cualquier reflejo de sentimiento, ojalá no se hubieran desprendido de todo optimismo o ilusión, ojalá siguieran esperanzados y dispuestos a querer, ojalá todo pudiera ser posible… Ojalá…

No hay comentarios:
Publicar un comentario